20/09/2018

El Gobierno abandonó la construcción del Gasoducto del Nordeste (GNEA) que iba a servir para recibir mayores volúmenes de gas natural desde Bolivia, como parte del contrato suscrito entre ambas naciones. 

La determinación la tomó el ministro de Energía, Javier Iguacel, porque durante más de una década el Estado desembolsó casi 2.300 millones de dólares -el doble de su presupuesto original- a través de licitaciones en las que la Sindicatura General de la Nación identificó “vicios” que irían desde la “falta de planificación” a “licitaciones amañadas y sobreprecios”.
Al desistimiento del Gobierno de terminar el Gasoducto del Nordeste, se suma la posibilidad de que Argentina sea superavitaria en gas con el potencial del yacimiento de Vaca Muerta.
La decisión descarta a Bolivia como proveedora a futuro de los 27 millones de metros cúbicos diarios de gas comprometidos en un contrato que vence en 2026 y que algunos especialistas reivindican como “el más barato”.
El Gasoducto del Nordeste fue declarado de interés nacional por el decreto 267/07 en el que se previó una inversión total de US$ 1.382.557.000 para 1.500 kilómetros de extensión. Pero sufrió una metamorfosis constante, con cambios realizados con procedimientos que no siempre honraron las formalidades exigidas por ley.
Su construcción era para asegurar la capacidad de recepción por parte de Enarsa de mayores volúmenes de gas natural procedentes de Bolivia, debía permitir a la Argentina la compra de hasta 27 millones de metros cúbicos por día de gas natural, en el marco del contrato suscrito entre YPFB y Enarsa en 2006.